miércoles, 24 de febrero de 2016

Anestesia

Vengo sentada
sobre una pirámide blanda de mí misma,
invocando antiguas bestias que me ignoran,
que me abandonaron.
No dejo de lamentarme
por haber empeñado aquel filo que me latía en el pulso.
Me dan mucha pena,
las ganas de muerte y de vida que desmantelé.
Tengo la cabeza rapada de un hombre sobre el regazo,
no quiero averiguar por qué.
No quiero sentir un espasmo hueco cuando me bese.
Lo que me corre por la sangre ahora
es algo parecido al yogurt,
vómito de bebe,
arena fina,
yeso.
Hombre de cabeza rapada fuma y no me mira.
Antigüas bestias mías, alimentan un fuego blanco en un rincón del cuarto,
también me ignoran.
Serpientes de la palabra,
se revuelcan sobre muelas,
han enloquecido.
Infinito desprecio a la anestesia.



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