sábado, 18 de enero de 2014

estanque



Mirame un poco y responde hasta dónde eres capaz de soportar. Si mi corazón es un estanque viejo y podrido. Un renacuajo me pide que le perdone la vida pero sabés querido, que acá no me entra ni un sapo. Quizás lo haga, lo deje vivir y hasta le permita que me lama por dentro y que reviente con su lengua de látigo a las arañas que me cuelgan de los sesos. Y no te pido mucho pero no tengo paciencia, estoy cansada de vos y de las estúpidas metáforas que me provocás. Y me he venido agresiva porque ya no puedo verte acá, porque hoy he vuelto entrar, dije: voy a ver como marchan las cosas en mi estanque, en mi corazón húmedo, y te encuentro, pedazo de mierda, pescando serenamente con una botella y un pedazo de pan. Pero insistes en quedarte, no te importa y yo te digo que no tiene sentido, que de acá no va a crecer nada, ¿Qué puede salir de este pozo sucio, de esta arteria agotada? “Andate”, te digo. “Pero mirame bien”, me decís, “dejame ir, hija de puta”. Entonces veo las estacas con las que te sostengo, las lenguas de sapo con las que te retengo prisionero.

Me siento en el barro y pienso. Estoy confundida. Entiendo o creo entender que realmente no te quiero a vos, que lo que quiero conservar es este dolor. Es la punción de la estaca, no tu cuerpo, no tu cara, no lo nuestro. “Hablemos un poco”, pido. “¿Hablar de qué?”, me decís, y me das la espalda. Refugias tu mirada en el estanque y fingís indiferencia. Respiro hondo y me digo a mí misma que es absolutamente necesario. Entonces te agarro desprevenido y te entierro la cabeza en el agua podrida. Tu cuello se tensiona y empuja hacia arriba, pero la fuerza de mis brazos te impide salir. Te sacudís como podes y yo presiento que vas a vencerme, que un cuarto de segundo alcanza para que me arrepienta y te suelte. Pero no lo hago. Retengo tu cabeza en el agua hasta que se te agotan las fuerzas y estás muerto. No me sale una lágrima. Y mira que hago fuerza pero no. Veo cómo cientos de renacuajos te custodian la cabeza. Me voy, cierro la puerta, me vuelvo para afuera.