sábado, 19 de marzo de 2016

Una pelusa invisible
flotaba en tu sangre.
Todas esas astillas negras
estallando
debajo de tu lengua.
Un corazón flaco
Un valle irregular,
inmenso,
conservándote
dándote cuidados.
Pequeños dedos acariciándome como ramitas.
Un apretón inmediato
de mi carne.
Un espejo antiguo que nos devuelve
a una temporada donde
nadie manifestaba su agitación
y todo crecía lento
desde abajo del vientre.
Todas las bocas del mundo,
que eran sólo las nuestras,
se llenaban de espuma
se desenvenenaban
se medían la fiebre personal.
Camino bañada en sangre de cordero
No recuerdo de qué pesadilla provengo
Quién me dio este nombre
O estos miedos como perros que crujen bajo la alfombra.
Quién me dio esta voluntad
Hecha de guerrera apuñalada,
De planta de pie despellejada.
Quién me dio este silbido sereno
Que sólo dice: hazlo.
Avanza.
No te resbales en el veneno
No des tu puño a ninguna cosa
Entiérrate en el camino de la mirada grave
Escucha el agua fluir en las cañerías de los edificios
Escucha las mentiras escurrirse detrás de cada palabra
No le pierdas el rastro
Ve por ellas
Desentierra las alfombras
Dale agua a los perros
No dejes de hacer preguntas
Desenmascara las costuras
Quiébrate los tobillos pero nunca nunca
Nunca
Pronuncies tu verdadero nombre.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Quisiera reventar esta tristeza
como con una uña un piojo.
Descorchar un beso.
Pedirte
que me entierres viva adentro de tu pecho.
Arrojarnos como grandes troncos
en un río.
Estremecernos como vidrios.
Dejar de negarte la sinceridad.
Participar de los agujeros negros de tus sueños.
Quisiera ser:
o tus manos acariciando una mujer
o las pastillas exactas que tomás.
Pero no estas flechas
que se quiebran
sin apuntar.


Anestesia

Vengo sentada
sobre una pirámide blanda de mí misma,
invocando antiguas bestias que me ignoran,
que me abandonaron.
No dejo de lamentarme
por haber empeñado aquel filo que me latía en el pulso.
Me dan mucha pena,
las ganas de muerte y de vida que desmantelé.
Tengo la cabeza rapada de un hombre sobre el regazo,
no quiero averiguar por qué.
No quiero sentir un espasmo hueco cuando me bese.
Lo que me corre por la sangre ahora
es algo parecido al yogurt,
vómito de bebe,
arena fina,
yeso.
Hombre de cabeza rapada fuma y no me mira.
Antigüas bestias mías, alimentan un fuego blanco en un rincón del cuarto,
también me ignoran.
Serpientes de la palabra,
se revuelcan sobre muelas,
han enloquecido.
Infinito desprecio a la anestesia.